viernes, 24 de febrero de 2017

MI OPINIÓN Y EXPERIENCIA CON Airbnb (NO sin mis maletas)

Hace unas semanas, alquilé una modesta habitación en Barcelona a través de esta página. En las fotos se notaba que no era gran cosa pero parecía confortable. La decoración era anticuada y no tenía ningún aliciente especial que la hiciera atractiva, como puede ser un balcón a la calle o bonitas vistas, pero era barata, estaba bien comunicada y relativamente cercana al centro. Tras leer los comentarios de otros viajeros, no lo pensé más y le di al click. Realicé un abono total de unos 238€ por los 13 días. El precio incluía la tasa que cobra Airbnb por la gestión.

Según el perfil de la anfitriona la entrada en la vivienda era flexible, es decir, se adaptaba a la hora de tu llegada.

Una vez realizado el pago, contacto con la anfitriona (Luda) mediante WhatsApp para constatar el pago e indicar que llegaría sobre 12:30h del medio día. Me muestro amable y participativa para pasar unos días en su casa.

Pocos días mas tarde subo al avión con mis dos maletones, el bolso, el abrigo y el gorro de lana desde mi capital de provincia hacia Barcelona en pleno mes de febrero y con una oleada de frío siberiano que azotaba toda la península.

Llego a Barna y bajo del tren que me deja cerca del barrio donde voy a alojarme. Mientras fumo mi cigarrillo desesperadamente, vigilo mis maletas sobre la acera y rezo por no tener que gritar ¡al ladrón! (no es nada raro en Barna),  me coloco bien la bufanda sobre el cuello y con la mano y el ojo que me quedan libres saco el móvil del bolso para avisar a Luda que solo me quedan unos minutos para llegar... mientras voy pensando: que ganicas tengo de soltar las maletas! ...veo que tengo varios whatsApps...Luda me ha escrito: podrías entrar a las 15:30? Tengo mucho trabajo. Lo siento. Yo no llegaré hasta las 22:00h,te atenderá mi hija a esa hora.

Me parece un engorro de cojones, ya que son las 12:30h, pero decido ser flexible, al fin y al cabo a todos se nos puede complicar el día. Así que con toda mi buena fe y preguntándome si estaré haciendo el canelo, le digo que no se preocupe, que es un engorro pero entraré más tarde.

Aviso a mi amiga Susana y me dirijo a su casa con mis dos minimuertos llenos de ropa de invierno. Acaba de comenzar la lista de gastos imprevistos, pues tengo que coger un taxi para acercarme a su casa y luego otro para volver. Los dos minimuertos suben la tarifa.

Finalmente llego al portal de la anfitriona y...está en obras! Todo el edificio está en obras de rehabilitación. No importa, pienso, solo quiero deshacerme de todo lo que llevo a cuestas y relajarme de una vez...son las 16:00 h de la tarde y llevo desde 9:00 de la mañana tirando de las maletas...pero...y el ascensor?? NO hay ascensor y es un tercer piso. Alzo la vista hacía la escalera y dudo mucho que una persona bien entradita en carnes pueda subir por ellas debido a su extrema estrechez. Saco a mi Rambo interior y me digo "parriba con ellas, valiente".




Cuando llego al tercero voy con parches de restos pintura seca, polvo y mi propio sudor. No quiero parecer grosera, al fin y al cabo quiero pasar unos días tranquila y no me apetece enfadarme, así que saco una robótica y congelada sonrisa lista para cuando abran la puerta y no dar señales de mi comienzo de cabreo.

Me recibe una niñita de unos 14 o 15 años con la tez muy blanca. Por el acento deduzco que es rusa o de Europa del este. Me explica donde están las sabanas, las llaves, la cocina, utensilios y bla, bla, bla. Antes de que hubiera dejado las maletas en mi cuarto, había desaparecido tras una puerta suavemente cerrada. Sentí un profundo olor a humedad y falta de ventilación. La esperé mientras colocaba la ropa sobre la cama y acomodaba el equipaje, pero la espera fue en vano. A los pocos minutos, cogí las llaves y me marché. Tenía ya el presentimiento que mi estancia no sería guay del paraguay.    




No pasé la noche allí, dormí en el sofá de Susana con las maletas abiertas en el salón. No me apetecía volver...la cosa empezaba a no gustarme, estaba irritada y cansada.

A la mañana siguiente, vuelvo a ducharme y a comprobar si esa mala sensación amainaba. Tenía la esperanza de que el día de ayer solo fuera mal día. Mientras me preparo para la ducha, sale de otro dormitorio (cerrando cuidadosamente la puerta) una adolescente rubia, muy guapa, de con ojos muy azules, de unos 18  años que se dirige a la cocina. Me acerco para saludarla y me devuelve un hola con aire indiferente. Por sus rasgos tampoco parece española. Me acerco y le pregunto si también es hija de Luda y me contesta con un no. Un no seco...sin más...un solo no. Un soviético, frio y doloroso no . Me quedé plantada frente a ella esperando que continuara hablando, como es habitual cuando quieres dar lugar a una conversación, pero mi medio sonrisa fue convirtiéndose en una mueca cuando entiendo que de esa boca solo va a salir ese no y con el mismo misterio que salió del dormitorio para entrar a la cocina, volvió a entrar en él cerrando la puerta. Se hizo tal silencio que escuché mi propia respiración. La mueca seguía en mi dibujada cuando un taladro de obra empezó a sonar a pleno rendimiento y fue cuando me dije ¡hasta aquí!.

Aunque lo puse en conocimiento de Luda, llamé al teléfono de contacto de Airbnb y expliqué mi situación, omitiendo todo excepto el hecho de que la vivienda estaba en obras y el ruido que estas producían en todo el edificio. Era la oportunidad perfecta para pirarme de allí. El chico que me atendió me pidió un tiempo para poder solventar el problema. Me ofrecieron ayuda para buscar otro alojamiento en la web, pero ya tenia mi corazón partido por mi invisibilidad en aquella casa y prefería el calor del sofá de mi amiga.

Solicité la devolución del importe íntegro y durante la tarde me comunicaron vía correo electrónico que el importe íntegro sería devuelto, incluidas las tasas. En todo momento sentí el respaldo del personal de Airbnb e hicieron un seguimiento hasta que todo quedo zanjado.

El resto del día lo pasé fuera, evitando pensar en el incómodo momento de ir a recoger mis cosas y encontrarme con la anfitriona y con suerte, al resto de los misteriosos habitantes de la casa.  Al fin y al cabo, era una simple formalidad, pero que por educación, las dos teníamos que pasar. De alguna manera tenía que reprocharle que no avisara en el perfil del olor a humedad de la habitación, que el edificio estuviera en plenas obras y lo acontecido con la hora de entrada, pero también agradecerle por colaborar con la web en la devolución del dinero, ya que sin su aprobación deduzco no todo hubiera sido tan fácil.

A la noche llegué por última vez a aquella casa con la intención de hablar de lo sucedido, recoger mis cosas y despedirme, pero esas puertas seguían cerradas y nadie las abrió. Se escuchaba un leve sonido de televisor encendido y un hombre que comentaba algo en otro idioma. Sentí un escalofrío en el pecho de distancia y soledad.

Metí todo apresuradamente en las maletas, dejé las llaves sobre el sinfonier y salí de allí otra vez con mis maletas y el tercero sin ascensor, pero esta vez cuesta abajo.

Nunca conocí personalmente a aquella señora que alquila una habitación en su casa de Barcelona, ni supe el parentesco de aquella adolescente de la cocina, ni pude reprochar nada a nadie, ni comprenderé las opinions de otros viajeros que se alojaron allí. Bueno, quizá si. Puedo comprender que los seres humanos pasamos por rachas y quizá mi visita no coincidiera con la mejor de las suyas. Lo que está claro es que nuestras energías se repelían.

NOTA: Mi comentario y opinión sobre la estancia en esta casa no aparecerá en la web. Aunque me molesté en escribirlo, solo es visible si el anfitrión hace primero un comentario al huésped...hasta el día de hoy no he tenido noticias...